El terremoto venía de antes / a un mes del 7,7 de 215 segundos, 14 de noviembre de 2007 a las 12:40:53 hora local, Tocopilla

            7 de Diciembre de 2007

Vengo llegando del Norte Grande…

Y lo que hizo el tremendo movimiento del 14 fue desnudar la precariedad de las ciudades y de los pueblos, particularmente de aquellos que no están precisamente en el circuito mundial de las redes internacionales y de las economías globales. Los tocopillanos, los de María, y de Pedro como se llaman a sí mismos los pampinos salitreros, los ollaguinos y los de Quillagua están en otros periplos. Probablemente la colonia chilena más intensa y extensa que existe sea la de los tocopillanos en Suecia, que además no es exclusiva, hay otros más por el mundo, que juegan béisbol, que tienen a fuego grabados ese mar áspero, Caleta Boy, el polvo, el raro silencio de la costa del desierto más árido del mundo. Ellos hacen una importante contribución a sus familias y a la economía local. La cantidad y los montos de los giros de dinero que llegan a esa ciudad son los mayores del país. Son parte del apoyo para una profunda raíz que resiste …
Porque, claro, el desierto está plagado de pueblos fantasmas. Que dejaron de tener sentido pues se acabó alguna de las tantas riquezas: guano, plata, salitre, cobre, entre muchas otras que se asoman a la capa pedregosa y quebradiza de la pampa. No se acaban realmente: dejan de ser rentables o competitivas. A propósito de competir: si aplicáramos rigurosamente técnicas de evaluación económica, no sólo Tocopilla o Quillagua serían inviables sino que muchas otras localidades del país. Pero las ciudades no son así. Se miden de otra manera.


Porfiadamente las ciudades del Norte Grande resisten una y otra vez. A la hora de los desastres, el Estado concurre y subsidia. Las demandas obviamente sobrepasan la capacidad instalada, pues el terremoto venía de antes. Se hacen las cosas urgentes, se levantan mediaguas, vuelve el agua y antes de la pascua esta ya no será la noticia. La emergencia
formará parte del paisaje, hasta la próxima catástrofe. Y entonces, ¿todo de nuevo?
Los terremotos, los maremotos, los incendios, las guerras son grandes oportunidades para el urbanismo, dice Jordi Borja. Las muertes son lo irreparable. Pero todo lo demás queda a disposición de la sociedad para aprovechar la oportunidad de corregir, de rehacer, de restaurar, de enmendar, etc. Pero sobre todo se abre la oportunidad de pensar en cómo tendrían que ser esas ciudades para ser sustentables. Pues van a haber más sismos, el cobre volverá a sus estándares de precio normales y … ¿todo seguirá como siempre?

Viene la reconstrucción
La respuesta es que sí, a menos que los tocopillanos descubran, inventen y levanten un proyecto de articulación con el resto del mundo. Cuando decimos esto, hay que estar conscientes que sólo una pequeña parte de la ciudad de Santiago, la más globalizada del país, es ‘tocada’ por la vara de la mundialización. Y allá mismo en el norte, la ciudad de
Antofagasta, por ejemplo, ¿tiene un distrito ‘homogenizado’ por algunos elementos de la globalización: torres institucionales de autor, Gucci, Armani y otras tiendas exclusivas, un buen museo en un edificio patrimonial estupendamente restaurado? Como diría Saskia Sassen, ¿hay un orden visual que se reconozca articulado con la malla del mundo? Cerca del 20% de la oferta mundial de cobre viene de Antofagasta: ¿significa eso que la ciudad es parte de las redes de la globalización?
Este es el tema: ¿cómo pasar de la economía ‘pesada’, basada literalmente en la libra de cobre, con ese nivel de materialidad, a la “economía del conocimiento” flexible y de mayor adaptabilidad?
Todo indica que no será a través de otra cosa que la historia económica profunda, la tradición que se reconoce, la especificidad local y regional. Que es la minería. Pero se debe encontrar el paso, la puerta, la clave que permita atravesar el umbral hacia la capacidad de enfrentar el futuro con mayor seguridad. La oportunidad de hoy es pensar qué quieren ser esas ciudades. Habrá que preguntarse por los elementos que la historia pone a disposición, ver si alguno calza con los circuitos. En otros lugares se han constituido espacios semi-nacionales, localizados pero conectados en una especie de ‘desnacionalización’ que re-ensambla espacios y territorios concretos con la desmaterializada virtualidad contemporánea. Con esto se logra competir, se logra producir y vender algo que otros quieren comprar. Se es parte del mercado. ¿Qué podremos ofrecer desde Tocopilla? Tiene que ser algo más que la energía termoeléctrica que necesita el cobre, pues parece claro que ese giro no da para todos.


Hay que diversificar, multiplicar, innovar. Y para hacerlo hay que saber. Habrá que aprender. Se necesitan ideas novedosas, ambiciosas, arriesgadas. Que deberán contar con recursos para ser desarrolladas, con lugares donde encontrarse con otros que también estén pensando y poder compartir experiencias, conocimientos, incluso las angustias de la búsqueda, que sabemos no es fácil. Un panorama así es el que permite que florezcan alternativas.
Nos parece que sólo esto será lo que origine ciudades sustentables, que puedan soportar que la tierra tiemble una y otra vez. La autonomía es uno de los objetivos a lograr: saber qué hacer, cómo y cuándo hacerlo. A nadie le gusta depender de otros ni que le digan lo que tiene que hacer, ¿no es cierto? Bueno, eso es la madurez. Y lograrla cuesta esfuerzo.
Lo que estamos diciendo es que el futuro no es una cosa remota, intangible, que esté en un ‘más allá’ esotérico de adivinos y brujos. No. Más bien está aquí y ahora. El futuro será lo que hagamos en el presente. Lo que somos es fruto de las decisiones del pasado, de las que tenemos que aprender. Por supuesto que hay salir de la emergencia, hay que sacar los escombros y despejar para planificar el trazado de las calles, las casas, los colegios y los hospitales. Pero junto con eso hay que delinear la vida que queremos vivir en María Elena, en Mejillones, en Tocopilla. En el Norte Grande. En Chile.

Hay que tener un plan. Esta es una tarea en la que todos tenemos un rol que jugar.


En el sector privado los empresarios tienen empuje, deciden y emprenden. Sabrán aprovechar las oportunidades y saben lo que necesitan para hacerlo. Probablemente habrá que afinar perspectivas locales y regionales. En Antofagasta la presencia de las más grandes empresas mineras del mundo es parte integrante de la oportunidad. Estas corporaciones son un vecino con el cual hay que trabajar mirando al futuro. Nos parece además que están absolutamente dispuestas a hacerlo. Hay que saber integrarlas.
La ciudadanía, las personas que componemos la llamada sociedad civil, los que no somos ni empresas ni gobierno, debemos debatir sobre lo que queremos hacer. ¿Quién mejor que nosotros mismos nos indicará cómo hay que vivir en nuestros propios barrios, en la ciudad y en la región donde habitamos?
El Estado en todos sus niveles es responsable de los bienes públicos. Uno de ellos es la planificación del desarrollo, la generación de estrategias para avanzar, que no es sino una tarea pública: convocar, posibilitar, debatir, imaginar, invitar, abrir … estos son algunos de los verbos que hay que conjugar.


Estamos en el momento exacto. La tragedia de Tocopilla es una campanada que nos señala el camino. No es posible esperar más.

Publicado en Primera Piedra 234 Análisis Semanal Del 10 al 16 de Diciembre del 2007

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